Después de dejar de fumar, adelgazar es el motivo por el que más gente me escribe. Casi siempre llega con la misma historia: ha probado dietas, ha empezado a moverse más, pero le cuesta sostenerlo porque el hambre entre horas o la ansiedad por picar aparecen antes que la fuerza de voluntad.
Qué es el punto del hambre
En auriculoterapia, uno de los puntos que más se trabaja para el control del apetito es el llamado "punto del hambre", situado en la parte anterior del trago (el pequeño saliente de cartílago junto a la entrada del oído). Se estimula con semillas de presión o agujas muy finas, y su uso tradicional es ayudar a moderar la sensación de hambre entre comidas — no eliminarla de golpe, sino hacerla más manejable.
Qué se siente en una sesión
Se colocan las semillas o agujas en ese punto y en algún otro de apoyo (relacionado con la ansiedad o la digestión, según el caso), y se deja un tiempo de reposo tranquilo. Las semillas de presión, además, se pueden dejar puestas varios días: cuando notas el impulso de picar entre horas, presionas suavemente el punto un momento, y esa pequeña pausa muchas veces basta para que el impulso pase.
Qué papel juega y qué no juega
Aquí prefiero ser clara desde el principio: la auriculoterapia no derrite grasa ni sustituye una alimentación equilibrada y el movimiento diario. Lo que hace es acompañar — ayuda a bajar la ansiedad por la comida y a que picar entre horas sea menos automático, para que los cambios de hábitos que ya estás intentando te cuesten menos sostener. No es un método de pérdida de peso garantizado, y desconfío de cualquiera que prometa kilos concretos en semanas concretas.
Un ritmo semanal
Igual que con el tabaco, para adelgazar suele funcionar mejor un ritmo de sesiones seguidas — el bono mensual de 4 sesiones semanales — que una sesión suelta: es en las primeras semanas cuando más ayuda el refuerzo del punto del hambre mientras se instauran los nuevos hábitos.